Testimonios

LUCKY

Nosotros buscábamos un perro que hiciera compañía a mi niña y que se llevara bien con ella, y que nos ayudara a olvidar un poco el dolor de la perdida de Happy el año pasado. Estamos babeando con el cachorro, y todo son cosas positivas. Pero me remuerde la conciencia un montón de pensar la de perros que podrían haber cumplido el mismo papel, y que por tener dos, tres años, cuatro... no los hemos cogido por pensar que no podrían haberse llevado bien con mi perra. Todo falso... en mi caso, con haber buscado un perro macho sumiso, y de un tamaño pequeño, ya nos hubiera ido requetebien, le habríamos salvado la vida a un animal que realmente lo necesitara, no habrían problemas de cosas rotas por casa, cacas y pipis, el tema de la educación... etc. Y desde mi experiencia puedo decir que el animal que ha vivido el abandono te agradece con locura lo que haces por él. Egoístamente me complace mucho más poder cambiarle la vida a un animal así, hacerle sentir como un rey el resto de su vida, y ver día a día esas muestras de cariño que son casi humanas.. Lo ideal sería que ningún animal tuviera que pasar eso... pero desgraciadamente el tema está así, y pudiéndote sentir como un héroe por que no hacerlo?
Se que no puedo llevármelos a todos a mi casa... pero es que mis primeras búsquedas eran todo animales adultos, enfermos con buena calidad de vida, realmente necesitados, con experiencias penosas, etc. y por consejos de los demás y por mi sobrina me decidí por un cachorro. No me arrepiento para nada, eso que quede constancia, que quiero con locura a mi Lucky...
Mi discurso es mas para que lo utilicéis con esa gente que se cega con un cachorro. Pedidles que os expliquen bien sus necesidades, para que lo quieren, donde y con quien vivirá.. Y si realmente son amantes de los animales que no se lo piensen, que hay perros de todas las clases y maneras, y los hay juguetones, tranquilos, cariñosos... y da igual que tengan 3 o 8 años o que necesiten una pastillita al día para vivir... se merecen el mismo cariño, y es que lo agradecen mucho más. Y si quieren un cachorro porque tienen un niño en casa y quieren que viva esa experiencia tan guay... decidles que pueden enseñarle mucho más adoptando a un animal necesitado, enseñarle a aprender los valores de la compasión, del cariño incondicional, lo hermoso de ayudar a un ser vulnerable, que estaba solo y triste y ahora es feliz por estar con él. Eso es mucho más bonito, hará madurar mucho más a ese niño, y le hará mejor persona.
 
Me da rabia porque no soy la típica persona que si no es cachorro no lo quiere! A mi perra Happy la he querido en sus últimos años más que en los primeros cuando éramos unas enanas las dos, y cuando se me fue, sentí que se me iba la vida con ella... y era vieja, no veía bien, no podía subir a la cama, no podía comer bien, no controlaba el pis, había que medicarla, hacerle su comida, le olía el aliento... pero la quería con todo mi corazón y la sigo queriendo aunque no esté.

Y estoy muy orgullosa de haberle dado una vida digna, ya que también fue rescatada.

Judith

Kira y Kamy

Quería empezar esta historia hablando un poquito de mí, soy una chica de Barcelona, tengo 27 años y desde toda la vida he sentido adoración por todo bicho viviente pero sobre todo por los perros. Desde bien pequeñita siempre he convivido con ellos porque siempre ha habido uno en mi familia, pero por desgracia no viven para siempre, así que he tenido varias experiencias duras que es la de superar la muerte de ellos, pero aunque parezca extraño ninguna se ha podido comparar con mi experiencia vivida con Kira a pesar del poco tiempo que por desgracia pasamos con ella. Desde que me fui a vivir con mi pareja, una de las cosas que más deseábamos era tener un perrito, así que decidimos adoptar uno. Me dedique durante mucho tiempo a mirar y mirar por Internet casas de acogidas, personas que tuvieran cachorros, porque nos hacía mucha ilusión adoptar uno desde pequeñín, cuando de repente me topé con la foto de Kira que me encantó, y  decidí  ponerme en contacto con la protectora, que resultó ser de Valencia. Me comentaron que era muy pequeñita y que si la quería adoptar tenía que ir a recogerla allí y no dudé ni un segundo en hablarlo con mi novio y decidimos ir a buscarla al día siguiente.

 Hicimos el viaje con una ilusión y unas ganas tremendas, cuatro horitas de ida y cuatro de vuelta, pero valió la pena solo al ver la carita de Kira, tan pequeñita y asustada, pero que enseguida nos cogió confianza y volvimos a casa con la chiquitina.  Al llegar, nos fuimos directamente al veterinario para que la miraran porque la pobre tuvo que aguantar cuatro horas de viaje y vomitó dos veces y queríamos asegurarnos de que se encontraba bien.

 La veterinaria nos dijo que no nos preocupáramos, que era normal que vomitara por el viaje en coche, que los perros al igual que las personas, también se mareaban al hacer un viaje tan largo, así que llegamos a casa muy contentos, ya teníamos una perrita para darle todo el cariño del mundo.

Al día siguiente, cuando mi novio llegó a casa me llamó muy preocupado por la perra porque notó que le costaba respirar y que tenía muchos mocos y además había vomitado varias veces, así que la llevó de nuevo al veterinario. Yo me encontraba en mi trabajo, y me asusté muchísimo, me puse muy nerviosa, no sabía que hacer…, aunque todos me decían que no me preocupara, que lo mas seguro es que estuviera  un poco resfriada y nada mas pero tuve que salir antes porque yo no podía aguantar tanta angustia. En cuanto llegué al veterinario, mi novio me dijo que le estaban haciendo pruebas puesto que no era muy normal lo que le estaba pasando a la perrita y se querían asegurar.

 La veterinaria nos hizo pasar y nos dijo que la perrita tenía una enfermedad que se llama mega esófago congénito, creo que nunca voy a poder olvidar ese nombre, nos explicó que era una enfermedad de nacimiento, como una malformación, y que la perrita todo lo que comía lo vomitaba porque la comida no le llegaba al estómago y claro, la perra no se alimentaba, siempre tenía hambre, y que se detectaba al destetarla de la madre, cuando empezaba a comer sólido, pero lo peor de todo era que cada vez que echaba la comida, parte de ella se le iba a los pulmones y que podría morir de una infección y que no había operación posible, que era una enfermedad poco conocida hasta para los veterinarios, que ella en 15 años que llevaba trabajando era el segundo caso que se encontraba y que lo mejor que podíamos hacer era sacrificarla.

 No puedo llegar a explicar lo que sentí en esos momentos, me hundí, no podía seguir  escuchando lo que nos decía, no me lo creía, no podía imaginar que eso nos pasara a nosotros, solo deseaba abrazarla y llorar…..

Nos dijo que nos lo pensáramos, que era una decisión muy dura pero que sería lo mejor para ella y para nosotros.

Esa noche no pudimos dormir, pendientes totalmente de ella, dormía siempre encima de mi, supongo que se sentía protegida, le gustaba ponerse cerca de mi cuello y a mi me encantaba, hacíamos todo lo necesario para que estuviera lo mejor posible.

Al día siguiente, sacando las fuerzas de donde no las había, porque por supuesto nos negábamos a sacrificarla, decidimos que haríamos lo posible y lo imposible para que la perrita saliera adelante. Nos plantamos en el veterinario y le dijimos que por favor nos dijera todo lo que podíamos hacer por ella, la única esperanza que nos dio fue que nos dijo que algunos perros con el tiempo se les podría regenerar un poco la zona afectada, pero que era muy difícil, puesto que había muchos niveles de esa enfermedad y la nuestra tenía el mas alto, nos dijo que teníamos que darle la comida en posición vertical, y luego estar con ella en brazos unos 15 minutos para que la comida le bajara, y con el agua igual así evitar como fuera que vomitara, y ponerle una inyección con antibiótico diaria para la infección de los pulmones cada vez que viéramos que la perrita tenía mocos, y así toda la vida…

Al principio no nos pareció nada imposible y los dos estábamos dispuestos a ello, así que a partir de ahí nuestra vida dio un giro enorme. Nos turnábamos para dar de comer a la perra, yo me levantaba a las 6 de la mañana para darle de comer y beber y tenerla en posición vertical una media hora, mi novio le daba la comida y la llevaba al veterinario a pincharle el antibiótico, y por la noche los hacíamos entre los dos. Además de todo eso, yo lo primero que hice fue ponerme en contacto con la protectora para explicarles lo que pasaba y sobretodo porque sabíamos que Kira tenía una hermanita y antes de que la dieran en adopción que la miraran por si tenía la misma enfermedad, ellas tampoco se lo podían creer, entre todos miramos por Internet para informarnos de la enfermedad, saber si había algún centro veterinario que supieran de la enfermedad y que operaran, la llevamos a otro veterinario para que nos diera una segunda opinión, le compramos varios tipos de comida para probar cual aceptaba mejor, pero todo resultaba inútil. Una de las chicas de la protectora encontró un centro que operaban de la enfermedad, enseguida llamé para informarme y me dijeron que si que operaban, que la operación costaba entre 3000 y 4000 euros, dinero que por desgracia no teníamos, que luego estaban unos tres meses de recuperación con una sonda pero que era una enfermedad que se estaba estudiando y que no sabían si la operación saldría con éxito, que había un alto porcentaje de que no saliera bien. Yo estaba desesperada, porque nos dimos cuenta que nuestra vida giraba totalmente en torno a la perra, ya no tenía ni comunicación con mi pareja, solo era la perra, la perra y la perra, ha comido? Ha vomitado? Está bien? Tiene mocos? Parece de risa pero hasta nos alegrábamos cuando la veíamos orinando o defecando, porque eso significaba que la perra poco a poco y con constancia se iba alimentando, pero no os podéis imaginar lo duro que era, porque eso fue los dos primeros días, la perra parecía que iba comiendo, no vomitaba y estaba mejor de los mocos, nos fuimos animando, hasta que el tercer día empezó a empeorar, por mucho rato que la tuviéramos en posición vertical para que la comida bajara, en cuanto la dejábamos en el suelo vomitaba e incluso llegó un momento que hasta cuando no habíamos terminado de darle de comer, la perra lo echaba completamente todo, y llegó un momento que para nosotros el darle de comer nos resultaba angustioso y yo no podía para de llorar suplicando que por favor no echara la comida. Los dos perdimos peso, no teníamos apetito, no paraba de llorar en mi trabajo pensando como estará, y el solo hecho de ver una foto suya me hundía por completo. Sabíamos que no podía continuar esta situación y decidimos que no podíamos ser egoístas y solo por el hecho de querer tenerla con nosotros la perra tuviera que estar toda su vida sufriendo y peor aun, el pensar que un día u otro llegaríamos a casa después del trabajo y nos encontráramos a Kira muerta, así que decidimos que era lo mejor para ella y mi novio la llevó al veterinario a que le pusieran la inyección, yo fui incapaz de acompañarle. Esa misma tarde, mi novio me llamó llorando, no podía ni hablar, y esa imagen se le ha quedado grabada para toda la vida.

Al día siguiente de dormirla, me puse de nuevo en contacto con la protectora para comunicarle lo ocurrido y sobretodo para darles las gracias por el apoyo y el cariño que mostraron en todo momento, porque aunque estaban lejos de mi, parecía como si estuvieran a mi lado.

Por suerte me comentaron que a la hermanita de Kira le habían hecho las pruebas pertinentes y no padecía ni esa enfermedad ni ninguna otra, estaba perfecta, y me alegré muchísimo y la verdad que sentí muchas ganas de ir a por otro, pero realmente no me sentía con fuerzas y tenía mucho miedo, pero por otro lado también sabía que tarde o temprano adoptaríamos uno por que nos encantan y era una forma de apaciguar el dolor que sentíamos por la pérdida de Kira. Una de las chicas de la protectora, que fue con la que tuve mas contacto, me animó a que adoptara otro y me dijo que la hermanita de Kira aun no la habían adoptado y llamé a mi novio para explicárselo cosa al principio se negaba por completo puesto que el fue el que tuvo que pasar el trago mas duro, pero también el sabía que era mi ilusión y que tener otro perrito me ayudaría a superarlo, sinceramente sentí la necesidad de adoptar a la hermanita porque aunque parezca una tontería mi corazón me decía que ya que Kira se había ido rápido sin poder darle todo el amor que sentíamos, tenía la necesidad de dárselo a su hermanita, así que volvimos a Valencia a buscar a Kamy, la hermanita de Kira. Lleva con nosotros cuatro meses y creo que es lo mejor que hemos hecho porque aunque siempre nos quedará el recuerdo de Kira, ahí está la revoltosa de Kamy para alegrarnos todos los días.

Quiero dar las gracias de todo corazón a Lidia y Bea por todo lo que han hecho por nosotros y sobretodo a animar a todo el mundo que adopten animales, que hay muchos que necesitan un hogar y a un animal no se le puede poner precio, ellos te lo van a agradecer toda la vida sin esperar nada a cambio.

 
 
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